Navegación


 Artículos L.E.C


 Volver al foro

La España Cuerda   

El sacrificio y los valores

Saturnino Martin Cerezo | Publicado sáb Jul 08, 2017 5:30 pm | 3088 Vistos

El sacrificio y los valores.

 

Me he decidido a escribir este artículo, movido, por intentar tratar un tema de rabiosa actualidad, como es la pérdida de valores, que claro está, se van vejando y medrando en nuestra sociedad, a medida que van pasando los años y los días.

A medida que pasa el tiempo, va quedando visible a ojo de buen cubero, en cualquier sociedad de nuestro país en la que nos fijemos, que los valores se están perdiendo, pues, ¿Quién no ha escuchado a los más ancianos diciendo? “Eso en mi época no pasaba”, o “hoy las niñas van casi desnudas”, o otras frases como la de, “antes no podías quejarte”, o la que yo escuché más veces y que me parece la peor y más grave afirmación de todas, “estos jóvenes ya no tienen respeto por nada” relacionada también, con aquella de, “el mundo va de mal en peor”.

Y como bien dice el refrán, “más sabe el diablo por viejo, que por diablo”, por eso, yo, siempre intento escuchar y aprender de nuestros mayores, concediéndoles el respeto que se merecen y la credibilidad que la experiencia y la vida les ha concedido.

Que más han conocido y pasado en la vida, que los jóvenes para saber, pese a creerse hoy los jóvenes, sabedores y conocedores de todo, cuando ni siquiera, alcanzan a tener experiencia suficiente, para saber lo que es la vida o ejercer la consciencia y por consiguiente, el supuesto uso de razón, que según nuestras leyes deberían poseer al cumplir los dieciocho años, en una sociedad en la que las personas de cuarenta años quieren desean e intentan vivir como los niños y niñas de quince.

Vino la democracia y con ella, el falso mito de la igualdad, con el que atontaron a la población, pues no existe igualdad alguna, ni entre mayores y jóvenes siquiera. Los niños, crecen hoy en día sobreprotegidos por sus padres y familiares, creciendo de ese modo y paralelamente, igual en edad, que en inconsciencia.

Todo se les otorga hecho, sin la necesidad del más mínimo esfuerzo para ello, por lo que se les adiestra, en el repulsivo arte de la desigualdad, de la autocomplacencia, de la falta de objetividad, criterio o ambición, en la ausencia total de la empatía o asertividad hacia los suyos, en todas estas deleznables artes les enseñan sus allegados a desenvolverse, en pro, del individualismo, que a su vez, sirve a sus padres como escusa y explicación u expiación, para no reconocer su ineptitud para educar en valores, precisamente por carecer de ellos, con la falsa escusa de que, es que las cosas ya no son ahora como antes, afirmación, que es la única verdad que dicen y que bien cierta es, pero a la que se olvidan de añadir, ahora es mucho peor que antes, se ha perdido el respeto, la humildad, se cambiaron todos esos buenos valores, por la ostentosidad, por la envidia y por querer resaltar ante el resto, no por los méritos propios, o por los logros de uno, ni por sus valores o capacidades, sino solo y únicamente por lo que aparentan.

Crecen acostumbrados a no tener que esforzarse en nada, creyendo con ello, que así vive todo el mundo y ¡no!, así viven los acomodados, los que no se sacrificaron en nada, los que no tienen valores por los que resaltar ante el resto, por ello, crean dentro suyo ese sentimiento de complejo y de inferioridad, intentando disimularlo aparentando ser felices, para no reconocer su fracaso como personas.

Así se ha formado una sociedad radical, envenenada de autocomplacencia, en una visión perjudicial para todos, que es la del libertinaje y libre albedrío, la de que en nada piensa, ni en los suyos, ni en su honra, ni en su orgullo, ni en el mañana, solo en el disfrute y esto es algo muy negativo, cuando además se acompaña de frases como esas, que muchos jóvenes repiten hoy en día, para excusar sus actos, sirva de ejemplo las más típicas, todos somos iguales, yo puedo hacer lo que quiera y claro, no es igual quien haciendo lo que quiere perjudica al resto, que quien les puede llenar de honra y orgullo, cosa que se niegan a ver, convirtiéndose en adultos infantilizados.

Bien sabido es que para todo lo que realices en la vida, necesarias son tanto la práctica, como el saber, pues de estas dos cosas, nace la experiencia y con ella, el conocimiento.

Todo esto ya se ha perdido, los jóvenes exigen y gritan a  sus padres, siendo desagradecidos con ellos, los padres, despreocupados, solo intentan imponer sin saber dar argumento o razonamiento alguno, ya decía otro refrán que “se predica con el ejemplo” y claro, si enseñas a alguien en base al porque yo lo digo y punto, al crecer ese alguien podrá usar ese mismo argumento y tomarlo como válido para todo, en una ausencia total de diálogo y valores, mientras les han educado en excusas, que solo conllevan al pasotismo y la imposición, parece ser que hoy,  basta con tener un trabajo para ser ejemplar, pese a que después, no cuides de los tuyos, o seas una persona deleznable, simple, o digna de vergüenza para los tuyos, pues entre ellos taparán estas situaciones para que sea menor su carga, igual que la crítica del resto, ante su actitud incompetente y despreocupada que solo les concederá pobres logros.

El mundo está viciado, solo piensa en el libertinaje y en el momento presente, no se acuerda del ayer, ni de quien les acompañó, ni tampoco del esfuerzo que por ellos hicieron, y los que creen pensar en el mañana, han vivido tan cómodamente, que pasan por alto infinidad de cosas, para centrarse en hacer solo una bien, habiendo mermado también sus capacidades. Como personas, bien sean hombres o mujeres, en comparación con sus predecesores, todos empeoran en cuanto a implicación con el resto, valores o lo que diríamos ser una persona ejemplar, que de seguro a la mitad de edad que ellos, ya sabían los suyos el doble, forzados por la dura vida que llevaban.

Las personas débiles, crean sociedades difíciles, las sociedades difíciles crean personas rectas, fuertes, decididas y con valores, y precisamente, de esas gentes y personas, se crean las sociedades envidiables y prósperas, aquellas, en las que todos desearíamos vivir, pese a que muy pocos, sean los que para ello, contribuyan en algo dentro de la misma.

Ya no existe el compromiso, sino la conveniencia, ¿Dónde quedaron todas aquellas definiciones que durante años, siglos y milenios incluso, hicieron tantos ilustres filósofos, emperadores, militares o historiadores, como reyes y poetas, en los que llenaron de alabanzas, a las gentes de nuestro país, por su orgullo y valor?, nada de eso o muy poco queda, si englobamos a la gran masa social, que mueve nuestro amado país, al que llamamos y conocemos como España.

Los jóvenes, se creen con libertad para todo, se creen con derechos, pero no asumen sus obligaciones ni sus responsabilidades, manchando así el nombre de los suyos, mientras que los traicionan también.

Para intentar paliar este sentimiento de culpabilidad, por no haber conseguido las aspiraciones deseadas, la muchedumbre, intenta culpar al resto, se torna envidiosa, transformándose en gente mala, dañina y sin principios, culpando de todos sus males a los que más tienen, en lugar de cogerlos como ejemplos a seguir, por no reconocer la pequeñez de su persona y su falta de valía, muchos prefieren pensar, que es solo cuestión de favores o de nacer en el sitio adecuado y no del esfuerzo propio, lo que marca la diferencia y por esos derroteros y caminos, las personas comienzan a criminalizar a los que más contribuyen, a los más aplicados, a los que son envidiables de verdad por su ejemplaridad en todo, intentando resaltar ellos ante el resto, no por sus méritos, sino por los deméritos de los demás, a los que siempre intentan, intentaron e intentarán pisar, para verse o hacerse ver ellos ensalzados, como los grandes hipócritas, cínicos y necios que son.

Por no ver a los suyos pasar lo que ellos pasaron, los verán pasarlo peor, y peor, estarán ellos, pues nada de los suyos podrán esperar, más que el hecho de que vivan despreocupados, de una forma despótica, sin tener en cuenta a nadie, sin que muestren agradecimiento alguno, a los que para ellos vivieron, cuando por sí mismos, ellos no pudieron valerse.

A la gente en estos días, solo les gusta que les digan lo que les gusta escuchar, los halagos, lo que hacen bien, pues son incapaces de recibir objetivamente las críticas, ni hacia ellos, ni hacia los suyos y así, se vuelven sectarios, así se acostumbran a defender lo indefendible.

Es por el conocimiento de estos comportamientos, que salen y emergen de la sociedades, líderes autocomplacientes, que regalan los oídos al pueblo, haciéndose pasar por iguales suyos, pese a no serlo absolutamente en nada, quieren parecer obreros y solo quieren enriquecerse, lo hacen, porque saben que esas sociedades envenenadas de autocomplacencia y egocentrismo, son incapaces de rectificar o reconocer errores propios, con lo que siempre, echarán balones fuera, o culparan a otros de sus males, pese a que los hechos, evidencien su equivocación.

Nuestra falta de sacrificio, han llevado a los jóvenes a pensar, que es normal que si no te dan lo que quieres, tienes el derecho de matar, claro ejemplo de ello, el blanqueo y la normalización de la bandas de asesinos terroristas como pueden ser los etarras, llegando incluso algunos “jóvenes progres” a defender incluso las barbaridades cometidas por el Daesh, desprenden los jóvenes, un odio y una incomprensión, que solo es la causa de los complejos que tienen por no poder compararse ante el resto más que en sus ligues (sexo), sus coches (gasto), o sus trabajos (comodidad), que en anda deberían diferenciar a una persona de otra, que a mi ver, no es por eso por lo que se diferencian a los grandes hombres, sino por sus méritos y logros, cualquiera puede comprar con dinero, pero no cualquiera puede ser orgullos de los suyos, honrado o ejemplar, no todo el sacrificio para obrar bien es el trabajo, sino que también repercute en el orgullo que causan o podrían causar su sacrificio.

E visto gente que valora más la vida de un perro, de un toro, o incluso de cualquier animal, que la de una persona, que es un igual a ella y con la que podría dialogar, precisamente porque buscan llenar esa incomprensión y falta de afecto, con animales pues nada les exigen éstos, pudiendo así dedicarse a reivindicar sus ideas sin hacer autocrítica alguna, buscando solo su placer y satisfacción, pese a carecer ambos de objetividad, ética o moral alguna.

Explicado todo esto, no cabe más que decir, “que la vida, pone a cada uno en su lugar” y que “Dios está arriba y no se queda nada de nadie, todo lo devuelve”, tener en cuenta todos los que me leéis, que nadie tiene derecho a pedir la atención o implicación que no dio en su vida, y que las malas costumbres que enseñan, llegará el día en que con ellos las practiquen.

Saber que no hacéis ningún bien a quien debéis preparar para caminar solo en la vida, teniéndolo siempre sentado, pues al levantarse tropezará, como tener claro también, que nada le enseñaréis bueno, si sentados, permanecéis o permanecisteis siempre vosotros, pues seréis ejemplo a seguir y para nada podréis contar con ellos.

Claro queda entonces, que las situaciones difíciles, aquellas que son duras en la vida, junto con la experiencia, son las que proporcionan el conocimiento de uno mismo y los valores y que la autocomplacencia y la falta de esfuerzo, son las causas de su pérdida, de igual modo, que son el veneno y la putrefacción, de los pueblos, las familias y las personas, que esas son simiente del individualismo y no es por nada, ni sin sentido, que desde siempre, las personas vivieron en comunidades y en grupos, pues el individualismo, se cura con la soledad, igual que se siembra con la abundancia, cuando ésta va acompañada de la falta de valores.          

Sobre el Autor