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La España Cuerda   

¿La corrección política es buena?

Admin | Publicado vie Jul 07, 2017 12:51 am | 3251 Vistos

Hace ya muchos años que todos hemos aceptado la corrección política como algo natural y necesario para nuestra convivencia.

Con la misma naturalidad que siendo niños aprendimos de nuestros padres que los mayores debían proteger a los pequeños, que los jóvenes debían ayudar a los ancianos, que la honradez, la sinceridad, la buena educación y la amabilidad eran imprescindibles para relacionarse y establecerse en la sociedad, que ésta recompensaba por esos valores junto con el esfuerzo y el trabajo, que el padre y la madre debían ser ejemplares, respetarse, amarse y educar a sus hijos con firmeza y amabilidad.


Ahora, la corrección política dictada e impuesta desde distintos gobiernos, lobbies, medios de comunicación, políticos, así como todos aquellos que alcanzaron el éxito sin mérito, trabajo o esfuerzo, ha desdibujado los valores, qué con mucho esfuerzo, había forjado la sociedad española.


La corrección política nos ha hecho creer que la persona en sí misma, no tiene valor, sino por lo que posee o el poder que tiene.


La corrección política nos ha hecho aceptar cualquier modelo de familia, aunque esto choque frontalmente con nuestras raíces y creencias católicas y culturales.



La corrección política nos ha hecho aceptar que aunque nosotros tenemos que trabajar más de 30 años para tener derecho a una pensión de jubilación , a la vez estamos obligados a financiar con nuestros impuestos mediante subvenciones y proteccionismo a miles de refugiados islamistas, mientras sus vecinos y hermanos en el islam, y ricos en petróleo (cómo Arabia Saudí, Qatar, Kuwait o Emiratos Árabes Unidos) no sólo no les acogen, sino que colaboran financieramente para su instalación aquí.



Según esa corrección política nosotros deberíamos permanecer callados para no ser tachados de islamófobos.


Habría sido más lógico e igual de caritativo poner todo nuestro empeño en acoger a aquellas minorías cristianas o pertenecientes a otras religiones, y así, evitar que estén siendo masacrados allí sistemáticamente, niños y mujeres violados y torturados hasta la muerte con una crueldad impropia de las peores alimañas, y mientras,  el mundo permanece callado. 

Ni los medios de comunicación ni nuestros políticos intentan, al menos, alertarnos acerca de ese infierno, que aunque creemos lejano, se va infiltrando aquí día a día, mientras nosotros permanecemos aparentemente anestesiados por la rutina de nuestras pequeñas vidas. 

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